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miércoles, 27 de julio de 2011
Del Joe
Como dije en Twitter hace un par de horas, "la gente que me conoce bien sabe que me gustan los negros, así que me voy a beber unas frías y luego vengo inspirada a escribir sobre el Joe". Ya me tomé las respectivas águilas en honor a mi papá (como siempre) y he llegado a escribir.
El Joe es bello. Y solo quiero escribir para relatar los momentos (bueno, los que recuerdo) en que el Joe ha estado en mi vida.
Lo primero que recuerdo, es La Rebelión, canción que nos recuerda que la colonia no fue una época espectacular como nos la quieren enseñar en el colegio y que siempre ha sido la canción de mi hermanita... "oye men, no le pegue a la negra; oye, esa negra se me respeta; que aún se escucha en la verja; no, no, no, no, no, no; no le pegue a la jeva".
Luego viene a mi memoria la canción Pa'l bailador, dado que la letra me llamó mucho la atención porque decía "tanga" pero yo, como siempre perdida, escuchaba "nalga"... creo que aún la canto así. "tiene que apretar la nalga; tiene que mover la espalda; y la colita como zángano".
Ya más adolescente en mi mal bailar, compartí una pieza del Joe con el hermanito de una amiga mía... el pelaíto bailaba delicioso y yo le gustaba a él. Ahora, él me gusta a mí pero está muy guapo, ya está casado y bueno, está "out of my league". ¿La canción? Tal para cual. También entendía mal la letra, como siempre... "y ese men te tuvo a mi modo; en punto, tu obsesión, con pasión yo la medí; y ese men te tuvo a mi modo; y es que está buenísima".
Luego viene Rey que me contó que cuando era niño cantaba "tamarindo seco se le cae en la sopa", cuando en verdad dice "tamarindo seco se le caen las hojas; agua derramada no hay quien la recoja". Ay, esta historia me da demasiada risa.
Ya en la universidad, una de mis compañeras, una tal Consuelo, salió en el video de Ella y tú. Se ve más linda en persona, para ser sincera. "Ella y tu mi amor me tienen loco y desesperado; ella y tu mi bien me tienen mal sin saber que hago; ella y tu mi amor me tienen loco y desesperado; ella y tu mi bien me tienen mal sin saber que hago".
Unos semestres después, en la Norte también, Esmeral cantaba La Tortuga con Raulito. La letra de esa canción es de las más absurdas y a la vez más pegajosas del Joe; bueno, para mí. Pero la cantaba en español y en inglés. "Estaba la tortuga bajo del agua, bajo del agua, bajo del agua; haciendo sus ruidos, como cosa rara". Y en inglés: "there was the turtle under the water, under the water, under the water; making some noises, like a weird thing".
Estando en Bogotá mi mamá me pidió de regalo de cumpleaños el libro de Mauricio Silva Guzmán, "El centurión de la noche-Joe Arroyo, una vida cantada". Le llegó a su casa en Cartagena el 19 de mayo, el día de su cumpleaños y se lo leyó en dos días. De ese libro saqué las imágenes que en esta entrada ven. Mañana me lo empiezo a leer.
Para mi matrimonio tambíén apareció el Joe, de nuevo con La Rebelión. Me veo bailando en círculo con mis hermanas, la negra y Silvy, y mi tío Alfonso... bueno, ellas bailando y yo brincando como un grillo.
Eso me trae el recuerdo más permanente. No sé bailar. Siempre quise aprender a bailar salsa para moverme al son de todas las canciones del Joe. Es que cuando oigo su voz, aguda o grave de acuerdo a la época, de verdad que el cuerpo me empieza a saltar sin planearlo, sin querer. Ahí es cuando se dan cuenta que soy costeña.
Para terminar el listado, bueno, el Joe y mi papá se fueron jóvenes, con pasiones muy claras: las mujeres, la rumba... y lo demás. Ambos empezaron desde niños: el Joe grabó su primera canción a los 14 años y mi papá empezó a trabajar en la única empresa en que se desempeñó a la misma edad. Espero que hoy estén allá bailando en una sola baldosa, con otros dos papás de unas amigas que quiero mucho: Adry y Diani (sí, en diminutivo, como si fueran porristas o uno de los personajes de los cuadernos de Norma, Peluches... canten conmigo: "nuevos cuadernos Peluches de Norma, tiernísimos").
De algo me enteré hoy mientras hojeaba el libro de Silva: el "men" salió en La Rolling Stone. Cito: "Una piedra rodante 2004. En marzo de 2004, el Joe apareció en la portada de Rolling Stone versión Latinoamérica. Marta Orrantía, directora por entonces de la revista para la zona andina, dijo: 'llegamos a la conclusión de que el Joe es un roquero nato. La pregunta es: ¿qué otro músico en Colombia alcanzó tal éxito, cantó su verdad de semejante manera, innovó en los ritmos, vivió a profundidad los excesos de las drogas y el alcohol, y fue ídolo a rabiar de su pueblo? La respuestra es muy fácil: ninguno más que el Joe'".
Hay otras canciones que no tienen historia en esta entrada, pero me encantan, como En Barranquilla me quedo, Sabré olvidar y Centurión de la noche. También La noche que la cantó Don Omar y Juanes, cada uno por su lado. El man, Álvaro José Arroyo, se ganó 18 congos de oro en el Carnaval de Barranquilla y hasta dijo que la mano le olía a cobre de tanto congo que había ganado, por eso, el Carnaval se inventó un premio, llamado algo así como el Super Congo, para que dejara a otros ganar. Y ni hablar del baile... eso no se puede describir.
Termino esta entrada con la letra del Centurión de la noche, porque de verdad que no importa cuántos años pasen, no importa qué tan exitosa o perdedora sea, de verdad que el sueño y yo no somos mejores amigos... ni siquiera nos caemos bien.
Aurora, soy centurión de la noche
aurora, mírame aquí sin dormir...
No sé qué es lo que duele sin sentir
pero tengo en el alma mi sufrir
centurión de la noche me volví
mírame aquí, sin dormir.
Aurora, soy centurión de la noche
aurora, mírame aquí sin dormir...
Uy, ay, uy no dormí
uy, ay, uy no dormí
uy, ay, uy no dormí
uy no, uy no dormí
a la patica, y la peloti también
Oh, llegó el alba, el alba
y me atormentará otra vez
ay, en la ventana ver
madrugada caer, desvanecer.
Oye Juan Carlos Coronell
en Cartagena la bella...
Centurión de la noche
sí, anoche la pasé igual que ayer
en vela, en vela.
sí mamá, mademoiselle
oh, el rocío caer.
Centurión de la noche, de la noche
de la noche, sin liberar nada.
Centurión de la noche, de la noche
como lo goza la Arenosa.
Oh, llegó el alba, el alba
y me atormentará otra vez
oh, en la ventana ver
madrugada caer, desvanecer
Si mamá, mademoiselle
oh, el rocío caer.
Centurión de la noche, de la noche
de la noche, sin liberar nada.
Y comienza el amanecer
y ya viene el amanecer
el rocío humedecerá mis pupilas al alba
Centurión de la noche.
sí, mamá, mademoiselle
oh, el rocío caer.
Soy cartagenera pero nací en Barranquilla. De Barranquilla me gusta que la ciudad y su gente acogieron al Joe... y allá murió, allá lo enterrarán. En fin, allá se quedó.
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jueves, 13 de enero de 2011
Insomnio
A lo largo de mis 28 años he sufrido de insomnio dos veces. La primera en la época escolar debido a inquietudes propias de muchos adolescentes, la segunda en la universidad por un amor… adolescente. El hecho es que, en mi caso, el insomnio siempre es producto de inconformidades, problemas, dolores, tristezas. El insomnio de los últimos días es distinto.
Los años pasan, y las cosas cambian o siguen iguales de acuerdo al ánimo que tengas al momento de analizar las cosas. Estas vacaciones han sido atípicas, pues, además de estar en Cartagena más tiempo de lo normal, he salido con mis amigas… en esas salidas aprendí que el turismo que llega a mi ciudad antes del 24 de diciembre es más “pupi” y que Cartagena este año no se llenó como los anteriores. Ah, bueno, también estoy aprendiendo a manejar una máquina de coser… tarea nada fácil.
Y bueno, me da insomnio. ¡En Cartagena! ¡De vacaciones!
Como mi primer episodio de insomnio fue escolar, quiero escribir sobre mi velada de hoy/ayer. Llegué hace una hora de verme con algunos de mis compañeros del colegio en que me gradué y, realmente, algunas cosas nunca cambian. Por más noventero u ochentero que suene, planearon la “reunión” del curso (ahora por BB) el día anterior y llegamos seis personas… de 27, y uno no se graduó con nosotros. Y las vainas siguen siendo las mismas. Empezando por la inasistencia, la ingratitud y, obvio, la impuntualidad. Claro, también persisten las buenas carcajadas.
Además de uno por ahí con “canta’o” distinto –ojo, “canta’o, no acento- porque lleva más de cuatro años al otro lado del océano, hablamos de las travesuras del uno y del otro, tenemos el mismo peinado (bueno, yo no), tenemos las mismas muletillas/frases desde hace 12 años, tartamudean los que siempre lo hicieron, aplauden las que siempre lo hicimos para celebrar un comentario, llevan la contraria los que solían hacerlo desde que tenían dientes de leche, y los que la sacaban del estadio con el “apunte”, no pierden esa buena costumbre.
Agradable. Tan agradable que no puedo dormir. Lo cierto es que a pesar que las cosas sigan iguales, fluyen, como el agua de un riachuelo, y ahora escuchan un poco más; hablan con una cadencia que hace 10 años ninguno podía tener.
De esas seis personas, creo que al menos dos sufrimos de insomnio, y en una muestra tan pequeña, el porcentaje es considerable.
A MM, DV, SM, LB y RF, gracias por una velada enriquecedora y graciosa.
RESUMEN 2010
No podía dejar pasar la primera entrada del 2011 sin hablar de lo que pasó el año pasado. Me interno en el 2011 (que es impar, pero al sumar sus dígitos da número par –y los pares no me gustan-) y no pensé mucho en los acontecimientos del 2010, como sí hice hace un par de años.
Sé que hubo dos conciertos que nunca olvidaré, Aerosmith y Greenday… este último me hizo saltar, cantar y bailar como nada y fui profundamente feliz. No hubo viajes, pero me leí unos libros que me hicieron conocer mundos y paisajes. En términos de noticias, recuerdo el terremoto de Haití y la sobre-exposición de los sucesos en los canales nacionales (claro, también tengo en mente la imagen de un periodista de ojos azules y pelo teñido de oscuro llorando; qué tenaz cubrir este tipo de tragedias); el problema en Chile y el despliegue mediático desde que quedaron enterrados, que aumentó cuando los empezaron a sacar; el terremoto en Chile, cuyas fotografías eran desgarradoras; la muerte del Mono Jojoy, de la cual me enteré por un mensaje que me envió por BB mi hermana mayor desde Caracas, y el escándalo Wikileaks.
También estuvo "el peor invierno de los últimos años". Lo pongo entre comillas porque lo cierto es que, si bien el de 2010 fue el peor, el de 2009 fue más trágico que el del año anterior y así sucesivamente. El de este año, lo auguro desde hoy, contará con las peores sequías y lluvias hasta el momento. De nuevo, las vainas siguen siendo iguales.
Sé que hay más, pero nunca me he destacado por mi buena memoria. Pero para mí este año se resume en mi negocio. Comí, respiré y soñé DUPERRET como nunca había vivido nada en mi vida y experimenté emociones encontradas, dificultades y gratificaciones de una sola fuente. No es nada fácil.
En lo macro, puedo concluir que los eventos de este año demostraron (¿re-demostraron?) la capacidad del ser humano en joder al planeta. En lo micro, ser empleado es cómodo en términos de pagos, pero nada más gratificante que trabajar para tu propio negocio. Reitero, nada fácil… Algunas veces extraño la certeza de devengar un sueldo; otras, no tanto.
APUNTES:
Los del salón no son los que impiden que yo duerma… pero aproveché la falta de sueño nocturno para escribir sobre ellos.
Uno puede decir ochentero, noventero. Pero, ¿cómo le decimos a las costumbres de la primera década del 2000? Si no tiene etiqueta, no pasa a la historia…
Lo que me tiene con este insomnio esla NOTICIA del año para mí. Pero de eso escribiré cuando tenga certezas, hechos… incluso fotos.
Les debo la foto de esta entrada... no creo que quieran ver la foto de seis cartageneros posando en la Plaza Santo Domingo como si fueran cachacos. No lo cojan personal, amigos cachacos.
Los años pasan, y las cosas cambian o siguen iguales de acuerdo al ánimo que tengas al momento de analizar las cosas. Estas vacaciones han sido atípicas, pues, además de estar en Cartagena más tiempo de lo normal, he salido con mis amigas… en esas salidas aprendí que el turismo que llega a mi ciudad antes del 24 de diciembre es más “pupi” y que Cartagena este año no se llenó como los anteriores. Ah, bueno, también estoy aprendiendo a manejar una máquina de coser… tarea nada fácil.
Y bueno, me da insomnio. ¡En Cartagena! ¡De vacaciones!
Como mi primer episodio de insomnio fue escolar, quiero escribir sobre mi velada de hoy/ayer. Llegué hace una hora de verme con algunos de mis compañeros del colegio en que me gradué y, realmente, algunas cosas nunca cambian. Por más noventero u ochentero que suene, planearon la “reunión” del curso (ahora por BB) el día anterior y llegamos seis personas… de 27, y uno no se graduó con nosotros. Y las vainas siguen siendo las mismas. Empezando por la inasistencia, la ingratitud y, obvio, la impuntualidad. Claro, también persisten las buenas carcajadas.
Además de uno por ahí con “canta’o” distinto –ojo, “canta’o, no acento- porque lleva más de cuatro años al otro lado del océano, hablamos de las travesuras del uno y del otro, tenemos el mismo peinado (bueno, yo no), tenemos las mismas muletillas/frases desde hace 12 años, tartamudean los que siempre lo hicieron, aplauden las que siempre lo hicimos para celebrar un comentario, llevan la contraria los que solían hacerlo desde que tenían dientes de leche, y los que la sacaban del estadio con el “apunte”, no pierden esa buena costumbre.
Agradable. Tan agradable que no puedo dormir. Lo cierto es que a pesar que las cosas sigan iguales, fluyen, como el agua de un riachuelo, y ahora escuchan un poco más; hablan con una cadencia que hace 10 años ninguno podía tener.
De esas seis personas, creo que al menos dos sufrimos de insomnio, y en una muestra tan pequeña, el porcentaje es considerable.
A MM, DV, SM, LB y RF, gracias por una velada enriquecedora y graciosa.
RESUMEN 2010
No podía dejar pasar la primera entrada del 2011 sin hablar de lo que pasó el año pasado. Me interno en el 2011 (que es impar, pero al sumar sus dígitos da número par –y los pares no me gustan-) y no pensé mucho en los acontecimientos del 2010, como sí hice hace un par de años.
Sé que hubo dos conciertos que nunca olvidaré, Aerosmith y Greenday… este último me hizo saltar, cantar y bailar como nada y fui profundamente feliz. No hubo viajes, pero me leí unos libros que me hicieron conocer mundos y paisajes. En términos de noticias, recuerdo el terremoto de Haití y la sobre-exposición de los sucesos en los canales nacionales (claro, también tengo en mente la imagen de un periodista de ojos azules y pelo teñido de oscuro llorando; qué tenaz cubrir este tipo de tragedias); el problema en Chile y el despliegue mediático desde que quedaron enterrados, que aumentó cuando los empezaron a sacar; el terremoto en Chile, cuyas fotografías eran desgarradoras; la muerte del Mono Jojoy, de la cual me enteré por un mensaje que me envió por BB mi hermana mayor desde Caracas, y el escándalo Wikileaks.
También estuvo "el peor invierno de los últimos años". Lo pongo entre comillas porque lo cierto es que, si bien el de 2010 fue el peor, el de 2009 fue más trágico que el del año anterior y así sucesivamente. El de este año, lo auguro desde hoy, contará con las peores sequías y lluvias hasta el momento. De nuevo, las vainas siguen siendo iguales.
Sé que hay más, pero nunca me he destacado por mi buena memoria. Pero para mí este año se resume en mi negocio. Comí, respiré y soñé DUPERRET como nunca había vivido nada en mi vida y experimenté emociones encontradas, dificultades y gratificaciones de una sola fuente. No es nada fácil.
En lo macro, puedo concluir que los eventos de este año demostraron (¿re-demostraron?) la capacidad del ser humano en joder al planeta. En lo micro, ser empleado es cómodo en términos de pagos, pero nada más gratificante que trabajar para tu propio negocio. Reitero, nada fácil… Algunas veces extraño la certeza de devengar un sueldo; otras, no tanto.
APUNTES:
Los del salón no son los que impiden que yo duerma… pero aproveché la falta de sueño nocturno para escribir sobre ellos.
Uno puede decir ochentero, noventero. Pero, ¿cómo le decimos a las costumbres de la primera década del 2000? Si no tiene etiqueta, no pasa a la historia…
Lo que me tiene con este insomnio es
Les debo la foto de esta entrada... no creo que quieran ver la foto de seis cartageneros posando en la Plaza Santo Domingo como si fueran cachacos. No lo cojan personal, amigos cachacos.
miércoles, 17 de junio de 2009
22 - Del turismo sexual infantil y juvenil en Cartagena
¿Algo más diciente? Foto de Aministía Internacional.No quiero volverme una rata criticona, pero hay algo que me ha tenido pensando desde que se lanzó, la semana pasada, la campaña “Lo valioso es no tener precio” en Cartagena, en un empeño por luchar contra la explotación sexual de niñas, niños y adolescentes en La Heroica.
La iniciativa, lanzada días antes de temporada de vacaciones, es interesante y ningún esfuerzo es inútil, pero considero que combatir esta situación no se hace sólo con vallas, ni con mensajes televisivos o radiales. Pienso que “la transformación cultural de los cartageneros para que se apropien de la idea de que los niños y niñas son valiosos, y que ningún bien material y económico puede pagar por ellos y ellas” (tomado de El Universal), es un inicio, una parte, pero esta lucha debe ser integral.
¿Cómo hacer la lucha?
Acá la cosa, creo, y es mi humilde e ignorante opinión, debe contener un componente alimentario. En Cartagena no hay pobreza, hay miseria; la gente es paupérrima y tiene hambre.
Y si esta gente no tiene plata ni para un pan con gaseosa, mucho menos pueden pagar un colegio.
La falta de comida y educación se une al hecho que mi amada ciudad, Patrimonio Histórico de la Humanidad, es un sitio turístico por excelencia, y la relación turismo- explotación sexual y prostitución son, al parecer, directamente proporcionales.
Los resultados de esta combinación de factores son tristes. La mayoría de los niños abusados ya no tienen 14 o 16 años, sino 9 y 10 años. No quiero hablar del turismo sexual de adultos, creo que ellos tienen más posibilidades de elegir.
Creo que más de uno lo ha visto. Hace un tiempo me senté cerca de una de las ventanas de Quiebra Canto y observé cómo unas niñas, casi sin desarrollarse, vestidas (¿forradas?) en jeans y blusitas talla 6, caminaban, observaban… buscaban sus clientes. “El mundo según Pirry” también había mostrado esta parte de Cartagena que muchos desconocen o, simplemente, quieren ignorar.
Los lugares donde más se ven este tipo de “cuadros” son la Puerta del Reloj, el Parque Centenario, el Camellón de los Mártires, la Calle de la Media Luna y el Muelle de los Pegasos… ahí, en pleno centro amurallado, iluminado por las luces amarillas, a pocos metros de hoteles como el Santa Clara, Montecarlo, Charleston, entre otros. También en la Bomba del Amparo y en el barrio La Castellana.
La Plaza Santo Domingo y las playas son, de igual manera, testigos. ¿Han visto los grupos de danzas folclóricas, casi todos con niñas y niños? Ahí se puede iniciar la prostitución. Hay otras formas: existen paquetes turísticos donde se ofrecen niños desde los 8 años. Son llamados así, “paquetes turísticos” o “paquetes de diversión”. En algunos bares clandestinos se pueden encontrar menores haciendo streaptease.
¿Cómo combatir esta realidad?
En algunos casos, los turistas no buscan este tipo de servicios, pero los botones y los carperos de las playas están ahí, pendientes, pescando la oportunidad de lucrarse a costa de los menores.
Sin duda alguna, los beneficiados son los adultos. Los niños, niñas y adolescentes siguen viviendo en la pobreza, sin educación, sin la esperanza de un futuro mejor. Y cada vez son más las víctimas de la prostitución infantil y juvenil; no hay cifras exactas, sin embargo, se estima que la cantidad de niños explotados sexualmente pasó de 450 a 3.000 en pocos años en Cartagena. Y en temporada alta puede llegar a 5.000.
El turismo sexual es una industria grande, millonaria. Internet ha hecho su parte. Los “clientes”, desde sus países de origen, saben a qué van y dónde conseguirlo. Y si no, los proxenetas están ahí con catálogos “full color”, para que elijan. Claro está, esto no es una realidad exclusiva de Cartagena.
Es cuestión de pobreza y turismo. Ejemplos son Tailandia, Cuba y, en general, varios países de Asia y América Latina. Todos países con ingresos bajos o medios; países en vías de desarrollo o, como dicen algunos, subdesarrollados.
¿Cómo ganar esta guerra?
Leyendo para escribir esta entrada me encontré con lo siguiente:
“Necesita una ingenua que tenga que ser seducida o una puta ninfómana y salvaje?... ¿Le gusta el sexo sucio o limpio? ¿Quizá ha oído hablar de felaciones de muestra...? ¡Todo esto es cierto!” (Sitio web de G&F Tours-Ver más en la barra de la derecha).
¿Cómo terminar con la prostitución infantil y juvenil?
Yo no lo sé. Pero, poco a poco, el Gobierno da sus pasos, pues el Congreso aprobó un proyecto de ley que dará 20 años de cárcel a las personas que promuevan pornografía infantil y 8 años para aquellos que estén relacionados con el turismo sexual de menores. Ahora, el documento está en las manos del Ejecutivo, a la espera de la promulgación por parte de Uribe.
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viernes, 1 de agosto de 2008
17 - De la pobreza que no conozco
hay que vivir la pobreza para asegurar que sí,
que sí se conoce. Pero a pesar de no vivirla, creo que a muchos le duele el alma al verla.
Caminar por las calles de Cartagena y ver indigentes en cada esquina, o manejar por Bogotá y ver cómo se acercan a limpiar el vidrio del carro o a hacer malabares, daría para que más de uno diga que conoce la pobreza.
No, no la conocen.
Yo tampoco.
Por cuestiones laborales me monté en el Fokker F28 que servía de avión presidencial desde Pastrana papá hasta el primer mandato de Uribe. Destino: aeropuerto El Caraño en Quibdó, Chocó, uno de los departamentos más olvidados por el Gobierno… y por todos nosotros.
El gremio de los bancos y algunos banqueros fueron a la inauguración de un proyecto en que ellos participan, por medio del cual construyen o remodelan escuelas. Esta vez le tocaba a Paimadó, corregimiento del Chocó con 2.200 habitantes, a tres horas en bote de Quibdó, pero a ocho minutos por aire.
En un principio, el plan era irnos en bote, pero una semana atrás habían secuestrado a un grupo a orillas del río Atrato.
Así que nos fuimos por aire. Una vez en El Caraño, nos dividieron en dos helicópteros militares. En uno, la gente de la ONG y los banqueros; en el otro, la prole: los periodistas.
Fascinante.
Tapones para evitar que el ruido moleste o haga daño en los tímpanos. Una tabla a cada costado del helicóptero hace las veces de sillas. Ventanitas redondas. Cabina encerrada, donde va el piloto y un misil con cinturón de balas a cada costado del aparato. Detrás de cada uno, un militar dispuesto a disparar si algo se mueve allá abajo cuando estemos volando.
Las hélices empiezan a girar, el aparato se eleva, como flotando… dura así un par de minutos y luego, más arriba, hacia el cielo. Abajo, los techos de Quibdó, que parecen las invasiones de Bogotá. La ciudad se ve café, el río se ve café y de un momento a otro, el agua turbia se desliza como serpiente en medio de un verde selva que no estamos acostumbrados a ver en la ciudad.
Fotos. Cámara condensada.
7 minutos de viento alborotado y aterrizamos en una especie de cancha de fútbol pelada, llena de barro porque el día anterior había llovido.
10 metros y veo un arco de globos, la gente aglomerada, esperando que llegara la primera dama, pero ella no fue. A pesar de la desilusión, los chocoanos siguieron ahí de pie, como si hubiera llegado una reina, esperando que los saludáramos… como si fuéramos importantes.
No, no somos importantes.
“Buenos días”, les digo… “bueeeeeeenos días”, me responden. Qué nobleza, qué sonrisas.
Sonrisas blancas y perfectas, de esas por las que las modelos y los actores de RCN pagan cientos de miles de pesos para tener.
Debajo de mis pies, barro, mucho barro, nada de cemento, vegetación pisada mil veces que terminó por ser sólo tierra. A mi lado, asentamientos en ladrillo pelado, techos en tejas viejas. La precariedad explica por qué, cada año con las lluvias, se pierden las pocas pertenencias que la población tiene.
Y aún sonríen.
Una lluvia incipiente, de esa que no moja pero da gripe, caía sobre nosotros mientras caminamos unos 30 metros para llegar a la Escuela Mixta La Candelaria. Otro arco de globos. Al lado izquierdo, pintadas de amarillo, las aulas remodeladas, frescas, nuevas. Al lado derecho, un gran cajón de cemento azul… ese espera por ser remodelado.
Acto protocolario, cortada de cinta y todo.
Baile cultural. ¡Qué ritmo! Era un vil baile de niños de colegio, pero parecían profesionales. El sabor allá no se roba, lo tienen todos.
Un niño movía su bandera azul de papel crepé y cuando me vio me gritó ¡azul! No sé qué sentí, pero hasta ganas de abrazarlo tuve.
Es lo que más recuerdo… es lo único que quiero recordar, así me den ganas de llorar.
Este país me duele.
No puedo decir que conozco la pobreza, porque nunca le he vivido.
Esta entrada al blog no tiene fin. No puede tener fin… ¿cómo terminar ésto?
No, no la conocen.
Yo tampoco.
Por cuestiones laborales me monté en el Fokker F28 que servía de avión presidencial desde Pastrana papá hasta el primer mandato de Uribe. Destino: aeropuerto El Caraño en Quibdó, Chocó, uno de los departamentos más olvidados por el Gobierno… y por todos nosotros.
El gremio de los bancos y algunos banqueros fueron a la inauguración de un proyecto en que ellos participan, por medio del cual construyen o remodelan escuelas. Esta vez le tocaba a Paimadó, corregimiento del Chocó con 2.200 habitantes, a tres horas en bote de Quibdó, pero a ocho minutos por aire.
En un principio, el plan era irnos en bote, pero una semana atrás habían secuestrado a un grupo a orillas del río Atrato.
Así que nos fuimos por aire. Una vez en El Caraño, nos dividieron en dos helicópteros militares. En uno, la gente de la ONG y los banqueros; en el otro, la prole: los periodistas.
Fascinante.
Tapones para evitar que el ruido moleste o haga daño en los tímpanos. Una tabla a cada costado del helicóptero hace las veces de sillas. Ventanitas redondas. Cabina encerrada, donde va el piloto y un misil con cinturón de balas a cada costado del aparato. Detrás de cada uno, un militar dispuesto a disparar si algo se mueve allá abajo cuando estemos volando.
Las hélices empiezan a girar, el aparato se eleva, como flotando… dura así un par de minutos y luego, más arriba, hacia el cielo. Abajo, los techos de Quibdó, que parecen las invasiones de Bogotá. La ciudad se ve café, el río se ve café y de un momento a otro, el agua turbia se desliza como serpiente en medio de un verde selva que no estamos acostumbrados a ver en la ciudad.
Fotos. Cámara condensada.
7 minutos de viento alborotado y aterrizamos en una especie de cancha de fútbol pelada, llena de barro porque el día anterior había llovido.
10 metros y veo un arco de globos, la gente aglomerada, esperando que llegara la primera dama, pero ella no fue. A pesar de la desilusión, los chocoanos siguieron ahí de pie, como si hubiera llegado una reina, esperando que los saludáramos… como si fuéramos importantes.
No, no somos importantes.
“Buenos días”, les digo… “bueeeeeeenos días”, me responden. Qué nobleza, qué sonrisas.
Sonrisas blancas y perfectas, de esas por las que las modelos y los actores de RCN pagan cientos de miles de pesos para tener.
Debajo de mis pies, barro, mucho barro, nada de cemento, vegetación pisada mil veces que terminó por ser sólo tierra. A mi lado, asentamientos en ladrillo pelado, techos en tejas viejas. La precariedad explica por qué, cada año con las lluvias, se pierden las pocas pertenencias que la población tiene.
Y aún sonríen.
Una lluvia incipiente, de esa que no moja pero da gripe, caía sobre nosotros mientras caminamos unos 30 metros para llegar a la Escuela Mixta La Candelaria. Otro arco de globos. Al lado izquierdo, pintadas de amarillo, las aulas remodeladas, frescas, nuevas. Al lado derecho, un gran cajón de cemento azul… ese espera por ser remodelado.
Acto protocolario, cortada de cinta y todo.
Baile cultural. ¡Qué ritmo! Era un vil baile de niños de colegio, pero parecían profesionales. El sabor allá no se roba, lo tienen todos.
Un niño movía su bandera azul de papel crepé y cuando me vio me gritó ¡azul! No sé qué sentí, pero hasta ganas de abrazarlo tuve.
Es lo que más recuerdo… es lo único que quiero recordar, así me den ganas de llorar.
Este país me duele.
No puedo decir que conozco la pobreza, porque nunca le he vivido.
Esta entrada al blog no tiene fin. No puede tener fin… ¿cómo terminar ésto?
miércoles, 21 de mayo de 2008
14- De reencontrar las memorias perdidas en el tiempo
El único amarillo que me gusta es el amarillo sol untadode sal y calor sobre las calles y el mar de mi hermosa Cartagena.
Crédito: www.flickr.com Juanpg
Recordar es vivir.
¿O es tan solo pensar en lo que ya sucedió? (solo. hay periodistas que no le ponen tilde ni cuando significa “únicamente”… no me gusta esa clase de adverbios, únicamente, fantásticamente…)
Cuando se tienen veinti tantos años y no se conoce la capital, es mal visto. Ni siquiera es como el cachaco que no conoce el mar; eso se relaciona con la nostalgia de no conocer lo que tanto se ha visto en fotos, una de las bellezas más prodigiosas del mundo. Creo que pueden tildar de pueblerinos a los que no conocen Bogotá.
Llegué hace dos años y parecía perro en ventana de carro cuando iba en el taxi camino a mi nueva casa (si a ese hueco estrato 6 en plena 14 con 79 se le podía llamar casa). Ver todo ese verdor contrastaba con el café de Barranquilla y el azul y el amarrillo de Cartagena.
Mirar por primera vez esos puentes peatonales que parecen las máquinas arácnidas de Matrix y los puentes vehiculares de tres pisos cuando en Cartagena el más largo es el más viejo y no pasa de 100 metros, me fascinó.
Ni hablar de mi fascinación por los parques, el clima, las distancias (que ahora odio)… del otro lado de mis sentimientos está el Transmilenio, la contaminación y los repetidos robos por los que he pasado: con pistola, sin darme cuenta…
Pensar en las perdidas que todos nos metemos porque nos hablan de un lugar que queda en la 68, como si uno supiera diferenciar, a los tres días de estar acá, entre la carrera y la calle 68. Además, una de ellas, la carrera, se vuelve la calle 100.
Claro que es genial cuando vemos todas las nomenclaturas: en cada esquina, una plaquita verde que te indica la calle y la carrera en que vas. Pero, pero… ¡ay! Llega un momento en que vamos en el bus, pendientes de las placas y llegar a lugares como los cercanos al Parque Simón Bolívar donde ya no hay más placas y, sin duda alguna, cuando vuelves a ver una, ya estás perdido.
¡Me encanta la calle 0!
Lo mismo pasa cuando vas en la Novena por allá en Cedritos y luego se vuelve la 30, o la NQS… norte quito sur. ¡Carajo! ¿Qué es ese nombre? Yo la llamo la no sé qué m$%&/.
El clima y sus lluvias de lado, donde no importa qué tan grande sea tu carpa (léase paraguas de 5.000 pesos de cuadritos comprado en una esquina en un día soleado, porque si lo compras con el cielo gris y las primeras gotas de agua salpicando tus gafas te sale en 8.000) porque igual te mojas. La única manera de no empaparte sería estar dentro de una burbuja para poder defenderte de esas agujitas que vienen desde todos lados.
O esos días en que, como buena calentana/o, te vas de camisa manga sisa (sisa. otra palabra que no me gusta) solo con la chaqueta encima y luego hace un frío de los mil demonios, cuando son las 4 de la tarde y parecen las 6. O viceversa: sales a las 8 de la mañana con el cuello tortuga y la chaqueta que parece un sofá (inflada y de peluche) y a las 10… sol resplandeciente barranquillero que te deja el cachete rojo.
Sé que los cachacos no entienden de estas cosas. Ellos se mantienen con su chaqueta de cuero bajo el sol más inclemente, en el bus, con las ventanas cerradas, la condensación cual Titanic y el olor a mico. Pero, pero… ¡ay! No se sientan en la silla que se acaba de desocupar porque les da hemorroides, les da “abrojito” o yo no sé qué. Yo pienso: en días fríos, mejor que me dejen el asiento calientito… Me imaginé a más de uno haciendo wuácala.
Y ni hablar del otro lado de la opinión, cuando uno se vuelve un poco rolo (solo un poco) y empieza a no soportar que le digan a Bogotá “la nevera”, que las mujeres se pongan chancletas tres puntadas con la uña fucsia o lo hombres anden en bermudas de dril beige.
La gritería. No la soporto. Yo, con el galillo imitado por mrs. Nieto en el colegio, no me aguanto ir en un bus y que el combo de cuatro costeños de visita tenga semejante bulla. O estar en un lugar cerrado de techo bajo, con tres tipos hablando de viejas a grito herido. Lo siento, ya no lo aguanto.
Estar acá es de las mejores cosas que he podido vivir. Esta ciudad te hace crecer a las patadas, a ver las cosas de manera diferente, ya sea con complejidad o con simpleza. Te hace trabajar para comer y no trabajar para la hoja de vida.
A mí me hizo empezar a tratar de usted a aquellos que no conozco mucho y, como trabajo entrevistando gente, intento pronunciar la s como s y no como j en casos como “conoJco”, “eJtamos”… “miJ abueloJ”. Ahorro tiempo, no me preguntan dos y tres veces qué dije. Claro que hay que tener en cuenta que yo hablo mal no por ser costeña, sino... problemas de dicción y vocalización.
Acá la gente me recibió bien y nunca he tenido problemas por ser de la costa en medio de una maraña cachaca en ninguno de los tres trabajos que he tenido.
Me gusta esta ciudad, de hecho, me enamoré de ella.
De aquí no me quiero ir. Pero pensar en la simple apertura de una posibilidad de partir me puso a pensar en todas estas cosas. En estas cualidades y defectos que me hacen enamorar, una y otra vez, de Bogotá.
Eso sí, “coJteña” seré hasta que muera, así me digan que parezco cachaca hasta abro la boca o me río y muestro el pómulo costeño. Extraño la comida rápida de Barranquilla y la playa de Cartagena, así los que cocinen la primera no se laven las manos y una revolcada en la segunda te deje con arena negra en lo más profundo del vestido de baño.
Así son todas las urbes, con sus cosas buenas y malas, pero al final, uno termina adaptándose a aquella ciudad que te permite “ser”, con todo el significado filosófico y coloquial que pueda tener.
Bogotá sería perfecta con una playa detrás de los cerros para quitar de mi piel la tonalidad “única e irrepetible” (como decía cierto profesor mío) del rosado apio.
¿O es tan solo pensar en lo que ya sucedió? (solo. hay periodistas que no le ponen tilde ni cuando significa “únicamente”… no me gusta esa clase de adverbios, únicamente, fantásticamente…)
Cuando se tienen veinti tantos años y no se conoce la capital, es mal visto. Ni siquiera es como el cachaco que no conoce el mar; eso se relaciona con la nostalgia de no conocer lo que tanto se ha visto en fotos, una de las bellezas más prodigiosas del mundo. Creo que pueden tildar de pueblerinos a los que no conocen Bogotá.
Llegué hace dos años y parecía perro en ventana de carro cuando iba en el taxi camino a mi nueva casa (si a ese hueco estrato 6 en plena 14 con 79 se le podía llamar casa). Ver todo ese verdor contrastaba con el café de Barranquilla y el azul y el amarrillo de Cartagena.
Mirar por primera vez esos puentes peatonales que parecen las máquinas arácnidas de Matrix y los puentes vehiculares de tres pisos cuando en Cartagena el más largo es el más viejo y no pasa de 100 metros, me fascinó.
Ni hablar de mi fascinación por los parques, el clima, las distancias (que ahora odio)… del otro lado de mis sentimientos está el Transmilenio, la contaminación y los repetidos robos por los que he pasado: con pistola, sin darme cuenta…
Pensar en las perdidas que todos nos metemos porque nos hablan de un lugar que queda en la 68, como si uno supiera diferenciar, a los tres días de estar acá, entre la carrera y la calle 68. Además, una de ellas, la carrera, se vuelve la calle 100.
Claro que es genial cuando vemos todas las nomenclaturas: en cada esquina, una plaquita verde que te indica la calle y la carrera en que vas. Pero, pero… ¡ay! Llega un momento en que vamos en el bus, pendientes de las placas y llegar a lugares como los cercanos al Parque Simón Bolívar donde ya no hay más placas y, sin duda alguna, cuando vuelves a ver una, ya estás perdido.
¡Me encanta la calle 0!
Lo mismo pasa cuando vas en la Novena por allá en Cedritos y luego se vuelve la 30, o la NQS… norte quito sur. ¡Carajo! ¿Qué es ese nombre? Yo la llamo la no sé qué m$%&/.
El clima y sus lluvias de lado, donde no importa qué tan grande sea tu carpa (léase paraguas de 5.000 pesos de cuadritos comprado en una esquina en un día soleado, porque si lo compras con el cielo gris y las primeras gotas de agua salpicando tus gafas te sale en 8.000) porque igual te mojas. La única manera de no empaparte sería estar dentro de una burbuja para poder defenderte de esas agujitas que vienen desde todos lados.
O esos días en que, como buena calentana/o, te vas de camisa manga sisa (sisa. otra palabra que no me gusta) solo con la chaqueta encima y luego hace un frío de los mil demonios, cuando son las 4 de la tarde y parecen las 6. O viceversa: sales a las 8 de la mañana con el cuello tortuga y la chaqueta que parece un sofá (inflada y de peluche) y a las 10… sol resplandeciente barranquillero que te deja el cachete rojo.
Sé que los cachacos no entienden de estas cosas. Ellos se mantienen con su chaqueta de cuero bajo el sol más inclemente, en el bus, con las ventanas cerradas, la condensación cual Titanic y el olor a mico. Pero, pero… ¡ay! No se sientan en la silla que se acaba de desocupar porque les da hemorroides, les da “abrojito” o yo no sé qué. Yo pienso: en días fríos, mejor que me dejen el asiento calientito… Me imaginé a más de uno haciendo wuácala.
Y ni hablar del otro lado de la opinión, cuando uno se vuelve un poco rolo (solo un poco) y empieza a no soportar que le digan a Bogotá “la nevera”, que las mujeres se pongan chancletas tres puntadas con la uña fucsia o lo hombres anden en bermudas de dril beige.
La gritería. No la soporto. Yo, con el galillo imitado por mrs. Nieto en el colegio, no me aguanto ir en un bus y que el combo de cuatro costeños de visita tenga semejante bulla. O estar en un lugar cerrado de techo bajo, con tres tipos hablando de viejas a grito herido. Lo siento, ya no lo aguanto.
Estar acá es de las mejores cosas que he podido vivir. Esta ciudad te hace crecer a las patadas, a ver las cosas de manera diferente, ya sea con complejidad o con simpleza. Te hace trabajar para comer y no trabajar para la hoja de vida.
A mí me hizo empezar a tratar de usted a aquellos que no conozco mucho y, como trabajo entrevistando gente, intento pronunciar la s como s y no como j en casos como “conoJco”, “eJtamos”… “miJ abueloJ”. Ahorro tiempo, no me preguntan dos y tres veces qué dije. Claro que hay que tener en cuenta que yo hablo mal no por ser costeña, sino... problemas de dicción y vocalización.
Acá la gente me recibió bien y nunca he tenido problemas por ser de la costa en medio de una maraña cachaca en ninguno de los tres trabajos que he tenido.
Me gusta esta ciudad, de hecho, me enamoré de ella.
De aquí no me quiero ir. Pero pensar en la simple apertura de una posibilidad de partir me puso a pensar en todas estas cosas. En estas cualidades y defectos que me hacen enamorar, una y otra vez, de Bogotá.
Eso sí, “coJteña” seré hasta que muera, así me digan que parezco cachaca hasta abro la boca o me río y muestro el pómulo costeño. Extraño la comida rápida de Barranquilla y la playa de Cartagena, así los que cocinen la primera no se laven las manos y una revolcada en la segunda te deje con arena negra en lo más profundo del vestido de baño.
Así son todas las urbes, con sus cosas buenas y malas, pero al final, uno termina adaptándose a aquella ciudad que te permite “ser”, con todo el significado filosófico y coloquial que pueda tener.
Bogotá sería perfecta con una playa detrás de los cerros para quitar de mi piel la tonalidad “única e irrepetible” (como decía cierto profesor mío) del rosado apio.
lunes, 29 de octubre de 2007
Séptimo - De las esperanzas que le caen a uno desde lejos
sino contra una manera de gobernar que no le ha resuelto ningún problema a Cartagena”,
dijo la Mariamulata en su blog. (http://www.mariamulata.blogspot.com/)
Crédito: El Universal, Óscar Díaz.
¡Y las últimas encuestas atinaron! Con el triunfo de la Mariamulata en la alcaldía de Cartagena creo vislumbrar, a lo lejos, que Cartagena despierta.
Veo que mi ciudad se cansó de tanta corrupción y decidió salir a las urnas… no mucha gente, pero votaron. Creo que el documental de Pirry también pudo abrirle los ojos a algunos.
Según El Universal, escrutando casi la totalidad de las mesas, Judith Pinedo obtuvo más de 114 mil votos, duplicando la votación de Nicolás Curi en 2005 (quien tuvo 54.583) y sacándole más de 40 mil a Juan Carlos Gossaín.
Pinedo celebró en el barrio donde comenzó en la política y habló de poner en trámite el Plan de Emergencia Social.
Me alegro.
Por otro lado, Samuel Moreno quedó como alcalde de la ciudad que ahora me ve despertar. Aunque dije que no escribía de política, parece que me está gustando la cosa.
No me parece justo la cacería que le montaron en los días previos a las elecciones; me disgustó que Peñalosa, con todo lo bueno y lo malo que tiene, se haya puesto a acusarlo y a hundirlo más que dedicarse explicar su propio plan de gobierno –el nuevo, no el viejo–.
No me gustó que Mockus, también, con todo lo que me gusta de él, le haya hecho una preguntita (¿si usted, comprando 50 votos puede salvar la ciudad de caer en manos de alguien capaz de comprar 50 mil votos, lo haría?) en la que, respondiera Moreno si o no, quedaba mal.
Ah, obvio, tampoco me gusta que el candidato al Polo no haya dicho “ninguna de las dos, pongo la información en manos de la justicia” o cualquier otra cosa en vez de optar por responder rápido y no pensar un poco más.
Mucho menos me gusta que Uribe haya tomado participación política –lo que va en contra de la ley–, que los medios se veían parcializados y que le hayan esculcado la vida a Moreno.
¿Qué pasó? Como dijo César Gaviria, los bogotanos votaron más por Samuel. En las últimas encuestas él iba punteando, ¿cuál es la sorpresa? Pero la gente quiere indagar.
Veo que mi ciudad se cansó de tanta corrupción y decidió salir a las urnas… no mucha gente, pero votaron. Creo que el documental de Pirry también pudo abrirle los ojos a algunos.
Según El Universal, escrutando casi la totalidad de las mesas, Judith Pinedo obtuvo más de 114 mil votos, duplicando la votación de Nicolás Curi en 2005 (quien tuvo 54.583) y sacándole más de 40 mil a Juan Carlos Gossaín.
Pinedo celebró en el barrio donde comenzó en la política y habló de poner en trámite el Plan de Emergencia Social.
Me alegro.
Por otro lado, Samuel Moreno quedó como alcalde de la ciudad que ahora me ve despertar. Aunque dije que no escribía de política, parece que me está gustando la cosa.
No me parece justo la cacería que le montaron en los días previos a las elecciones; me disgustó que Peñalosa, con todo lo bueno y lo malo que tiene, se haya puesto a acusarlo y a hundirlo más que dedicarse explicar su propio plan de gobierno –el nuevo, no el viejo–.
No me gustó que Mockus, también, con todo lo que me gusta de él, le haya hecho una preguntita (¿si usted, comprando 50 votos puede salvar la ciudad de caer en manos de alguien capaz de comprar 50 mil votos, lo haría?) en la que, respondiera Moreno si o no, quedaba mal.
Ah, obvio, tampoco me gusta que el candidato al Polo no haya dicho “ninguna de las dos, pongo la información en manos de la justicia” o cualquier otra cosa en vez de optar por responder rápido y no pensar un poco más.
Mucho menos me gusta que Uribe haya tomado participación política –lo que va en contra de la ley–, que los medios se veían parcializados y que le hayan esculcado la vida a Moreno.
¿Qué pasó? Como dijo César Gaviria, los bogotanos votaron más por Samuel. En las últimas encuestas él iba punteando, ¿cuál es la sorpresa? Pero la gente quiere indagar.
Puede que a la gente no le haya gustando la cacería a Moreno, puede que no estuvieran de acuerdo con los intereses de Peñalosa, o que un partido consolidado empuja a un candidato, o que querían seguir con lo de Garzón. O lo que me pasó a mí que, ante tanto cañón a Moreno, me indigné. ¡Y eso que no iba a votar por Peñalosa tampoco! Cabe aclarar que no voté.
Creo que de ahora en adelante estaré pendiente de estos dos alcaldes, Moreno y Pinedo, por ende, creo que voy metiéndome un poco en la política.
“Todo fluye…”
Creo que de ahora en adelante estaré pendiente de estos dos alcaldes, Moreno y Pinedo, por ende, creo que voy metiéndome un poco en la política.
“Todo fluye…”
lunes, 22 de octubre de 2007
Sexto - De la política que no me importa mientras Cartagena me duele

El 28 se llevan a cabo las elecciones en
Colombia y, aunque dicen que el futuro
está en nuestras manos, yo no lo veo.
Crédito: http://www.flickr.com/ francois_thomas02

Afiche de la Asociación Civil ‘Tu rock es votar’ que me pareció interesante por los colores y el slogan
‘Si no votas, cállate’. Valga decir que yo no voto. Tuvo muchas críticas en México porque fue inspirada
en Rock the Vote USA y, ¿quién ganó? Bush.
Soy apolítica y no puedo ni quiero hacer nada al respecto. Pienso que los políticos pueden hacer conmigo lo que quieran mientras yo veo cómo me las arreglo en medio de todas las incoherencias que dicen y las barbaridades que hacen.
El viernes, al terminar la entrevista con el Embajador de China en Colombia, venía caminando hacia el periódico cuando me gritan: “Vota por el 12 de Cambio Radical, vota por mí, máma” (póngase el acento donde está que no me he equivocado).
¿Cómo puede creer ese man que voy a votar por él cuando me dice máma? Le gritó a la persona equivocada.
Pero, mi ciudad me duele. Ver cómo Cartagena está sumida en la más profunda pobreza me dan ganas… de votar. Sí, por primera vez en el cuarto de siglo que llevo sobre este planeta me dieron ganas de votar.
Por la Mariamulata, porque no me parece que siempre queden los mismos, patrocinados por los mismos corruptos de siempre. No voy a extenderme en este asunto porque soy apolítica, así que no hablo de eso. Esto no quiere decir que jamás escribiré del asunto… como decía Heráclito, “todo fluye”.
Cuando llegué hoy y revisé mi cuenta corporativa me di cuenta que el partido ‘Por una sola Cartagena’ había enviado un correo. Me sorprendí cuando leí que la Mariamulata estaba encabezando las encuestas de Ipsos Napoleón Franco con 33 por ciento, y Juan Carlos Gossaín con 30 por ciento. Me alegré.
¿Tendrá posibilidades Judith de ser alcaldesa de Cartagena?
Según la revista Semana, Gossaín contaba con 30 por ciento del favoritismo y la Mariamulata sólo con 14 por ciento el 15 de septiembre. El artículo era sobre el descontento del actual alcalde de Cartagena, Curi, respecto al documental que, así no le guste a Curi, muestra la verdadera miseria en que vive Cartagena.
¡Es que los turistas no ven que Cartagena no es sólo Bocagrande, Castillo, Laguito, Pie de la Popa, Manga y Crespo! Recuerdo cuando fue Bush y empezaron a pintar de blanco los postes de luz de la ruta por donde pasaría el presidente de EE.UU., ¡ni siquiera todos los postes del barrio que visitaría, sino los que vería él!
Fuera de estos barrios no hay pobreza, hay miseria, inmunda y maloliente por el mal manejo de las aguas negras… ah, y de los recursos de la Alcaldía.
No quiero hablar de cosas que no conozco muy bien, ni ahondar en los dos años de retraso que tiene Transcaribe que tiene todas las calles trancadas de carros y llenas de polvo.
Me pongo a pensar en la fuerza, el peso que tiene la ‘rosca’ política cartagenera y el machismo imperante de la costa. Será esperar.
Me gusta la frase que citó el empresario cartagenero líder en turismo, Alberto Araújo Merlano: “no me preocupa tanto la maldad de los malos como la indiferencia de los buenos”. Sin embargo, no lleva a cambiar, aún, mi condición apolítica.
Escribí mucho hoy, se me olvida a veces que escribir para Internet es diferente que escribir un ensayo.
Aquí les dejo la nota de China de la que hablé… ¿más política que económica? Dirán ustedes.
Política. “El desarrollo de China está vinculado a la economía del mundo”: Embajador
Desarrollo científico para
resolver problemas de hoy
Este lunes termina el XVII Congreso del Partido Comunista chino (PCCh), que se celebra cada cinco años y cuya agenda llamó la atención porque, al analizar la situación actual de la cuarta economía mundial, define las políticas de desarrollo para un futuro a mediano plazo.
Uno de los puntos principales en el Congreso fue la presentación del informe político del Presidente Hu Jintao, quien expuso los logros de la nación en el último quinquenio, entre lo que se incluye un crecimiento rápido y sostenido de la producción en promedios superiores a 10 por ciento anual.
“China es el tercer país más importante del comercio internacional y, además, su ingreso per cápita de 2006 fue 2.030 dólares, es decir, se duplicó desde el último congreso del PCCh”, dijo el Embajador de China en Colombia, Li Changhua.
Es debido a este rápido crecimiento que China tiene ahora nuevos problemas por resolver como los altos niveles de contaminación ambiental y el uso extremo de recursos naturales, lo cual constituye un reto para el Gobierno.
Cambio
Desde 1978, cuando se llevó a cabo la tercera sesión plenaria en el XI Congreso del PCCh, China inició una etapa de desarrollo y definió la política de reforma y apertura, construyendo un ‘socialismo con peculiaridades chinas’, según el Embajador.
“En 1978 había 250 millones de personas pobres en el país; el año pasado, el número se redujo a 20 millones”, agregó Li.
El crecimiento económico ha sido importante, sin embargo, ha traído situaciones negativas como los “problemas del medio ambiente, más consumo de energía y de recursos naturales, disparidad en el ingreso y desequilibrio de desarrollo entre regiones”, sostuvo el Embajador.
Para resolver estos problemas, el Presidente Hu pidió a los delegados del PCCh que se aplique el concepto científico de desarrollo.
“El Gobierno ha diseñado una política de desarrollo científico para construir una sociedad armoniosa, más justa, donde todo el pueblo pueda disfrutar de los logros alcanzados por las reformas de la apertura”, dijo Li.
Según el Embajador, la teoría propuesta tiene como objetivo resolver los nuevos problemas que enfrenta China. “Hace treinta años debíamos trabajar para que todos tuvieran alimentación y vestuario; hoy las dificultades son otras. Se debe lograr un desarrollo sostenido, que consuma menos recursos naturales. Así se planteó el concepto de desarrollo científico”, añadió.
Relevancia
El crecimiento y el desarrollo de China no se ponen en duda. En 1996, el intercambio comercial de este país que tiene 1.300 millones de habitantes, representaba 35,5 por ciento del PIB y en la actualidad equivale a 70 por ciento.
Asimismo, entre 1978 y 2006 el PIB creció a un ritmo medio anual de 9,7 por ciento, por lo cual es la cuarta economía del mundo y, en el mismo tiempo, el volumen de su comercio exterior creció de 20.600 millones de dólares a 1,76 billones de dólares.
El empuje de la economía china llega a todo el mundo. Según el profesor de la Facultad de Derecho y director del Departamento de Gobierno Municipal de la Universidad Externado de Colombia, Luís Villar Borda, “es evidente que ha aumentado la proporción de las relaciones comerciales y en la inversión china en Latinoamérica. Los negocios que han hecho con Brasil, Argentina y Venezuela son representativos en las economías de dichas naciones”.
En Colombia la inversión china no ha tenido la misma magnitud que en otros países, “pero ya la empezamos a verla en el campo petrolero y en la industria de las telecomunicaciones”, añadió el profesor.
De otro lado, para el Embajador, la importancia de China en la economía está en que, en medio de la globalización, “el desarrollo del país sigue vinculado al planeta. El sólo hecho de resolver un problema de pobreza en un Estado que cuenta con la quinta parte de la población mundial, ya es un logro. Además, el mundo se ha visto beneficiado por los productos competitivos y de buenos precios hechos en China”.
En los Estados Unidos, las importaciones desde el país asiático generaron un ahorro a los consumidores de 600 mil millones de dólares en diez años, añadió Li. “Para los otros países es similar”, agregó.
Villar, de la Universidad Externado, afirma que en Colombia “la importación de productos chinos ha aumentado de manera considerable y, aunque existe un desequilibrio en la balanza comercial que favorece a China, en los últimos años se han hecho esfuerzos para que disminuya ese desequilibrio y para que aumenten las exportaciones”.
Se debe tener en cuenta que la dinámica se mueve en ambos sentidos. Li sostuvo que “el mundo ha ayudado a China debido a que después de la apertura reciben más inversión extranjera”.
“Estoy seguro de que el comercio entre China y América Latina crecerá. En la última década el volumen ha aumentado más de diez veces. Asimismo, la inversión china en Colombia crecerá porque observamos un país atractivo para invertir”.
El PCCh es líder en China
El XVII Congreso del PCCh tenía como objetivos elegir al nuevo Comité Central y la Comisión de Control Disciplinario, así como aprobar la enmienda a los Estatutos para incluir en el Partido la teoría del desarrollo científico. El presidente chino, Hu Jintao, prevé cuadruplicar el PIB per cápita en 2020 con respecto a las cifras de 2000. El Congreso se celebra desde 1921 cuando el Partido Comunista tenía menos de cien miembros. En la actualidad cuenta con cinco por ciento de la población del país.
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