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miércoles, 27 de julio de 2011

Del Joe


Como dije en Twitter hace un par de horas, "la gente que me conoce bien sabe que me gustan los negros, así que me voy a beber unas frías y luego vengo inspirada a escribir sobre el Joe". Ya me tomé las respectivas águilas en honor a mi papá (como siempre) y he llegado a escribir.

El Joe es bello. Y solo quiero escribir para relatar los momentos (bueno, los que recuerdo) en que el Joe ha estado en mi vida.

Lo primero que recuerdo, es La Rebelión, canción que nos recuerda que la colonia no fue una época espectacular como nos la quieren enseñar en el colegio y que siempre ha sido la canción de mi hermanita... "oye men, no le pegue a la negra; oye, esa negra se me respeta; que aún se escucha en la verja; no, no, no, no, no, no; no le pegue a la jeva".

Luego viene a mi memoria la canción Pa'l bailador, dado que la letra me llamó mucho la atención porque decía "tanga" pero yo, como siempre perdida, escuchaba "nalga"... creo que aún la canto así. "tiene que apretar la nalga; tiene que mover la espalda; y la colita como zángano".

Ya más adolescente en mi mal bailar, compartí una pieza del Joe con el hermanito de una amiga mía... el pelaíto bailaba delicioso y yo le gustaba a él. Ahora, él me gusta a mí pero está muy guapo, ya está casado y bueno, está "out of my league". ¿La canción? Tal para cual. También entendía mal la letra, como siempre... "y ese men te tuvo a mi modo; en punto, tu obsesión, con pasión yo la medí; y ese men te tuvo a mi modo; y es que está buenísima".

Luego viene Rey que me contó que cuando era niño cantaba "tamarindo seco se le cae en la sopa", cuando en verdad dice "tamarindo seco se le caen las hojas; agua derramada no hay quien la recoja". Ay, esta historia me da demasiada risa.



Ya en la universidad, una de mis compañeras, una tal Consuelo, salió en el video de Ella y tú. Se ve más linda en persona, para ser sincera. "Ella y tu mi amor me tienen loco y desesperado; ella y tu mi bien me tienen mal sin saber que hago; ella y tu mi amor me tienen loco y desesperado; ella y tu mi bien me tienen mal sin saber que hago".

Unos semestres después, en la Norte también, Esmeral cantaba La Tortuga con Raulito. La letra de esa canción es de las más absurdas y a la vez más pegajosas del Joe; bueno, para mí. Pero la cantaba en español y en inglés. "Estaba la tortuga bajo del agua, bajo del agua, bajo del agua; haciendo sus ruidos, como cosa rara". Y en inglés: "there was the turtle under the water, under the water, under the water; making some noises, like a weird thing".

Estando en Bogotá mi mamá me pidió de regalo de cumpleaños el libro de Mauricio Silva Guzmán, "El centurión de la noche-Joe Arroyo, una vida cantada". Le llegó a su casa en Cartagena el 19 de mayo, el día de su cumpleaños y se lo leyó en dos días. De ese libro saqué las imágenes que en esta entrada ven. Mañana me lo empiezo a leer.

Para mi matrimonio tambíén apareció el Joe, de nuevo con La Rebelión. Me veo bailando en círculo con mis hermanas, la negra y Silvy, y mi tío Alfonso... bueno, ellas bailando y yo brincando como un grillo.

Eso me trae el recuerdo más permanente. No sé bailar. Siempre quise aprender a bailar salsa para moverme al son de todas las canciones del Joe. Es que cuando oigo su voz, aguda o grave de acuerdo a la época, de verdad que el cuerpo me empieza a saltar sin planearlo, sin querer. Ahí es cuando se dan cuenta que soy costeña.

Para terminar el listado, bueno, el Joe y mi papá se fueron jóvenes, con pasiones muy claras: las mujeres, la rumba... y lo demás. Ambos empezaron desde niños: el Joe grabó su primera canción a los 14 años y mi papá empezó a trabajar en la única empresa en que se desempeñó a la misma edad. Espero que hoy estén allá bailando en una sola baldosa, con otros dos papás de unas amigas que quiero mucho: Adry y Diani (sí, en diminutivo, como si fueran porristas o uno de los personajes de los cuadernos de Norma, Peluches... canten conmigo: "nuevos cuadernos Peluches de Norma, tiernísimos").


De algo me enteré hoy mientras hojeaba el libro de Silva: el "men" salió en La Rolling Stone. Cito: "Una piedra rodante 2004. En marzo de 2004, el Joe apareció en la portada de Rolling Stone versión Latinoamérica. Marta Orrantía, directora por entonces de la revista para la zona andina, dijo: 'llegamos a la conclusión de que el Joe es un roquero nato. La pregunta es: ¿qué otro músico en Colombia alcanzó tal éxito, cantó su verdad de semejante manera, innovó en los ritmos, vivió a profundidad los excesos de las drogas y el alcohol, y fue ídolo a rabiar de su pueblo? La respuestra es muy fácil: ninguno más que el Joe'".

Hay otras canciones que no tienen historia en esta entrada, pero me encantan, como En Barranquilla me quedo, Sabré olvidar y Centurión de la noche. También La noche que la cantó Don Omar y Juanes, cada uno por su lado. El man, Álvaro José Arroyo, se ganó 18 congos de oro en el Carnaval de Barranquilla y hasta dijo que la mano le olía a cobre de tanto congo que había ganado, por eso, el Carnaval se inventó un premio, llamado algo así como el Super Congo, para que dejara a otros ganar. Y ni hablar del baile... eso no se puede describir.

Termino esta entrada con la letra del Centurión de la noche, porque de verdad que no importa cuántos años pasen, no importa qué tan exitosa o perdedora sea, de verdad que el sueño y yo no somos mejores amigos... ni siquiera nos caemos bien.

Aurora, soy centurión de la noche
aurora, mírame aquí sin dormir...
No sé qué es lo que duele sin sentir
pero tengo en el alma mi sufrir
centurión de la noche me volví
mírame aquí, sin dormir.
Aurora, soy centurión de la noche
aurora, mírame aquí sin dormir...
Uy, ay, uy no dormí
uy, ay, uy no dormí
uy, ay, uy no dormí
uy no, uy no dormí
a la patica, y la peloti también
Oh, llegó el alba, el alba
y me atormentará otra vez
ay, en la ventana ver
madrugada caer, desvanecer.
Oye Juan Carlos Coronell
en Cartagena la bella...
Centurión de la noche
sí, anoche la pasé igual que ayer
en vela, en vela.
sí mamá, mademoiselle
oh, el rocío caer.
Centurión de la noche, de la noche
de la noche, sin liberar nada.
Centurión de la noche, de la noche
como lo goza la Arenosa.
Oh, llegó el alba, el alba
y me atormentará otra vez
oh, en la ventana ver
madrugada caer, desvanecer
Si mamá, mademoiselle
oh, el rocío caer.
Centurión de la noche, de la noche
de la noche, sin liberar nada.
Y comienza el amanecer
y ya viene el amanecer
el rocío humedecerá mis pupilas al alba
Centurión de la noche.
sí, mamá, mademoiselle
oh, el rocío caer.

Soy cartagenera pero nací en Barranquilla. De Barranquilla me gusta que la ciudad y su gente acogieron al Joe... y allá murió, allá lo enterrarán. En fin, allá se quedó.

viernes, 3 de junio de 2011

De situaciones increíbles

                                                                                  Esta es mi foto favorita con mi papá

Hoy me cuestionaron:
“Dime, ¿qué más debí haber hecho?
¿No acaba todo, al fin y al cabo, muriendo, y tan pronto?
Dime, ¿qué planeas hacer
con tu vida preciosa, salvaje, única?”

Mi papá, mi hombre favorito, hoy cumple dos meses de haber sido arrebatado de mi lado y, hace cinco días, el hombre de mi vida me pidió el divorcio.

Siento que así como a los bebés les introducen por el ano un hisopo para cagar, la vida cogió mi cabeza para librarse del estreñimiento y me bañó en mierda.

No es cuestión de justicia, de merecer, pero siempre estuve completamente enamorada de mi esposo, así el matrimonio no fuera perfecto. Yo era feliz. Al parecer, él no. Yo, transparente, hablo todo lo que me molesta y lo que no (porque mujer que no joda es hombre) y él, como buen macho, todo se lo calló y me abandonó a los 57 días del fallecimiento de mi papá. Los mismos 57 días que llevo en otra ciudad, en la ciudad de mi papá, tratando de hacer justicia.

Mi esposo no quiere estar conmigo: decidió cancelar nuestro viaje a Canadá con pasajes comprados para el 21 de junio, ya había renunciado a su trabajo, no tiene casa ni cama porque ya todo estaba listo para irnos.

Con dolor, decepción, sorpresa, me pregunto qué hice mal, qué tantos momentos despreciables le hice sufrir que decidió renunciar a sus sueños con tal de no seguir conmigo.

Lamentable, me siento engañada; yo era feliz. Y él nunca me advirtió que, si yo seguía con X o Y comportamiento, se largaría. Solo me pidió el divorcio. ¿O será que así sí encaja el famoso "no eres tú, soy yo"?

Lo consentí, cuidé y regañé como a un hijo. Error.

Mujeres: nosotras estamos para recibir y adular. Reciban regalos, atenciones, protección, sonrían y den las gracias. Limítense a tener sexo y, de acuerdo a su preferencia, hagan deporte, trabajen, lean o escriban. Adulen a sus maridos; es necesario decirles cuánto los admiran, los veneran, lo orgullosas que si sienten de ellos. No los protejan… ellos son los que deben proteger. Sean dependientes de ellos y nunca se les ocurra solucionarles los problemas o ayudarlos a hacerlo porque pueden ofenderse o sentirse inútiles.

Claro, nunca den nada por sentado.

Hoy no solo lloro al ver las fotos espectaculares de mi papito conmigo, ese galán enamorado de mí, de su cachetona. También lloro al ver la cara de mi Dieguito feliz, ya solo en las fotos tomadas en un pasado.

¿Qué quedan? Recuerdos, unos quedan conmigo, otros se irán con el tiempo, el viento, el agua y el polvo, porque mi memoria es cualquier cosa menos prodigiosa. Por eso no soy rencorosa. También queda un tatuaje en cada brazo, uno de cada uno de los hombres más importantes de mi vida en la actualidad.

Y digo en la actualidad porque mi papá está ayer, hoy y siempre… el man es eterno. Diego, si no regresa (que como lo conozco, sé que no lo hará, y sólo yo sé cómo duele), pasará a una carpeta recóndita de mi disco duro llamado memoria no confiable y dispersa.

Situaciones como estas lo dejan a uno devastado. El asesinato de un padre no se supera… pero de amor no se muere nadie. Como dijo mi profesor de universidad, Jair, el amor es eterno mientras dura… para mí aún es eterno porque lo adoro, porque mi único sueno era envejecer con él.

Gracias a mi mamita, a mis hermanitas, a mi hermanito, a Adry y a Jose por todo el apoyo recibido. No hay cómo pagarles. Los amo.

La firma de mi amado padre... el invencible, el man más la verga.


                                                                                    El tatuaje que tenemos Diego y yo...

sábado, 26 de febrero de 2011

De muertos

Esta en una entrada para expresar lo que siento en estos momentos.

La muerte es algo que no nos gusta... unos le tienen miedo al hecho de morirse, otros no se imaginan no volver a ver a sus seres queridos. A mí lo que no me gusta es lo que la muerte de seres queridos le produce a la gente que más quiero.

Me siento impotente, ¿los abrazo?,¿les agarro la mano?, ¿qué les digo, "lo siento"? De verdad que yo no siento NADA en comparación con ellos. ¿Les digo "mi sentido pésame"? Aún me pregunto qué significa esa frase tan pasada de moda. Y si estoy lejos y me toca por teléfono, ¡peor!

Realmente, si es un muerto mío (familiares cercanos, sin incluir padres), no estoy de acuerdo con verlos en el ataúd, fríos, verdes, sin vida. Prefiero recordarlos como la última vez que los vi, cuando, por más enfermos que estuvieran, su piel aún estaba caliente. En serio considero que ver a un muerto en el ataúd es morboso... y uno no debe ser morboso con un ser querido. ¡Mucho menos tomarle fotos!

Creo que yo (y reitero que este blog no es más que mi opinión, lamento herir susceptibilidades) solo iría al ataúd a ver a mi papá, a mi mamá y a mi esposo... porque realmente NECESITO despedirme de ellos, por más duro que me dé verlos ahí, marchitos... sigue siendo morboso, pero incluso, si no hay vidrio, los cogería, los abrazaría, los tocaría hasta que me quitaran.

Una vez conocí a una señora feliz... de esas que no se alteran por fala de plata, trancones, gordura, nada. Le pregunté por qué ella era así, tan "valeverga" en el buen sentido de la palabra y me dijo "pues, primero se murió mi papá, luego mi mamá... después de eso, no hay dolor que me afecte. No hay nada en este mundo que supere ese dolor ni esa sensación". La comprendo.

Todo lo que rodea la muerte es macabro. Empecemos porque se ha vuelto un negocio y si no tienes plata para comprar el lote, te toca arrendarlo y a los 10 años te dan los huesos y tu verás qué haces con eso. Además, es algo social: los grupitos de gente que hace rato no se veían se ponen a "ponerse al día"; la pinta de negro tiene que ser buena, y bueno, el doliente tiene que darle de comer y beber a los que llegaron. Y si soy visitante, no sé qué hacer en el velorio; veo a toda la gente llorando y no sé cómo acercarme...

Y ni hablar del entierro. Siempre digo que es mejor una cremación. Independientemente que el cuerpo salte en las llamas, explote, se frite, ya la persona está muerta y uno, como doliente o acompañante del doliente, no ve más. Pero la enterrada es de las cosas que me agua el ojo hasta en las películas más baratas. Nada más horrible que ver cómo el ataúd baja a la más lenta velocidad, mientras, al menos, un par de personas se arrodillan, queriendo irse en el hueco con su ser amado. Y, cuando por fin el ataúd llega al fondo, la tirada de tierra, de flores... no. De verdad, son cosas que siento que son muy íntimas.

Esta entrada va sin foto y la dedico a mi papá, que en estos días tuvo el dolor más grande de su vida. La muerte de mi abuela puede que le produzca muchos sentiemientos negativos, pero creo que le devolvió la fe. Esa noche no pudo dormir, le dolía el estómago y a las 5 de la mañana sintió la imperativa necesidad de llamar a su hermana y preguntar por su mamá; le dijeron que había muerto. "Es de miedo, nena", me dijo. Sí, es de miedo que tu mamá no te deje dormir mientras se despide de ti. Eso devuelve la fe.

Estuve lejos; me tocó llamar ocho veces al día, o más, porque la impotencia de no estar allá (así no supiera qué hacer, ¿abrazarlo? ¿llorar con él? ¿hacerme la fuerte?) me estaba matando.

Tarde, pero tres días después, llego a Cartagena a darle el abrazo a mi papá... el abrazo "rompe costillas" que él me prometió.

Quizás no debería ser así; quizás no debería decirlo, pero, algo sí me gustó de la muerte... nos unió. Nunca había consentido así a mi papá y creo que no lo dejaré de hacer. "En vida", dicen por ahí.